Balancear Vida y Trabajo ¿De qué se trata?

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Por Graciela Bocchi, Especialista en Formación Ejecutiva y Gestión del conocimiento y speaker internacional en Inteligencia comunicacional, Liderazgo y género, Diversidad y convivencia organizacional.

En nuestro ámbito de capacitación, cada vez es más frecuente la solicitud de  talleres referidos a WORK LIFE BALANCED o BALANCE VIDA TRABAJO, según la compañía opte por uno u otro idioma en  su comunicación corporativa. Cuando analizo este pedido, siempre me llama la atención el concepto en sí mismo,  ya que apela a una  suerte de separación:   hay que balancear entre la vida y el trabajo, es decir, el trabajo no es parte de la vida.

Quizás esta  antinomia VIDA TRABAJO, provenga de un  inconsciente colectivo occidental donde el trabajo, desde el inicio de la humanidad, estuvo asociado a un castigo divino.  Y como muchas de los sedimentos que llevamos en nuestra historia, es bueno cuestionarlos y removerlos para generar otras realidades.

Y es entonces, antes de proponer una iniciativa de capacitación, propongo interpretación del tema. Desde este lugar, analizo que  la vida es un fenómeno que se experimenta,  más que un concepto que se pueda delimitar.  Como experiencia integral,  es  una totalidad que involucra todas y cada una de nuestras  actividades, dentro de las cuales se encuentra el trabajo como espacio de construcción, de creación, de mantenimiento, sea cual fuere el lugar o la función  que cada uno de los que estamos activos en el mundo laboral, tengamos a cargo. La gran diferencia pasa por sentir que la vida se vive también en el trabajo  en lugar de experimentar que  se nos va o se pierde  en él.

En esta realidad, lo que se necesita es un continuo ejercicio de calibración entre todas las dimensiones que conforman  la  cotidianidad humana además del trabajo: el cuidado personal, las  relaciones afectivas, los gustos o hobbies, el  tiempo libre, el  tiempo de traslado, de sueño, en fin ,todo aquello que conforma el  diario vivir. En lo cotidiano se construye la vida y gestionar sanamente la cotidianidad, es la  competencia clave que nos permitirá sostener la felicidad en la vorágine y el stress que lejos de disminuir, irán en aumento dentro del ámbito laboral. Esta “gestión saludable” es responsabilidad personal de todo adulto y no es necesario sólo para los altos ejecutivos o los gerentes o los High potencial. Es derecho y requisito  de todo colaborador en cualquier empresa de que se trate.  A la vez, es responsabilidad de todos el preguntarnos cómo impactamos en este entorno, es decir, si aportamos salud o intoxicamos (a veces, en forma inconsciente y por ello, esta invitación  a la reflexión).

Ahora bien, a mayor liderazgo, mayor responsabilidad  en este tema. Es imperativo para los líderes,  hacer del lugar de trabajo un espacio de vida. Parte de  la responsabilidad social empresaria  y directiva, pasa  porque nuestra gente llegue  mentalmente sana a sus hogares, sea cual sea su conformación y situación económica, cultural o social.  Provocar sanidad involucra dejar espacio a la creatividad, a la alegría, velar por espacios físicos dignos para todos. Caminar los espacios por los que transitan a diario nuestros colaboradores en las distintas posiciones  y preguntarnos si cada uno de nosotros, trabajaría diariamente en un lugar así.  Comunicar a nuestra gente el sentido y la finalidad de las cosas que realizan. Dar tiempo, espacio y estrategia  para promulgar el sentido, es invertir tiempo en gestionar el bienestar emocional y la integración interna de cada persona.

Si esto se hace realidad diaria, la capacitación podrá ocuparse de la parte que le toca en esencia: dotar a las personas de las competencias técnicas para auto-gestionar su desempeño y  mejorar su perfil para  agregar valor en la responsabilidad empresarial que tiene a cargo.

¡Hagamos de la vida en el trabajo una experiencia saludable!