Con la llegada de la Semana Santa, uno de los periodos de mayor movilidad, convivencia y actividades sociales en el país, también se evidencia un cambio en la manera en que las personas consumen bebidas alcohólicas. Más allá del exceso, la tendencia apunta hacia experiencias más conscientes, donde la calidad, el ritmo y el bienestar toman protagonismo.
Este cambio responde a una evolución en el comportamiento del consumidor, que busca disfrutar de forma más equilibrada, especialmente en contextos como reuniones familiares, viajes o celebraciones propias de la temporada.
“Hoy vemos un consumidor más informado, que no busca consumir más, sino consumir mejor. Eso implica tomar decisiones más conscientes sobre el momento, la cantidad y la forma en que disfruta una bebida”, explicó Magda López de Reyes, Maestra Ronera y Gerente de Centros de Añejamiento en Licores de Guatemala.
Una nueva forma de disfrutar
Durante temporadas como Semana Santa, el consumo de bebidas alcohólicas suele incrementarse; sin embargo, también se observa una transformación en los hábitos asociados a estos momentos. La degustación pausada, la elección informada y la moderación se posicionan como prácticas cada vez más presentes.
“El consumo responsable no limita la experiencia, la mejora. Disfrutar un buen ron también implica entender cuándo y cómo hacerlo, apreciar sus cualidades y tomarse el tiempo para degustarlo”, añadió Magda López de Reyes.
Este enfoque también impulsa un mayor interés por comprender el origen, proceso y características de las bebidas, promoviendo una relación más consciente con el producto y su consumo.
Decisiones que construyen una mejor experiencia
Más allá de la elección del producto, la experiencia está determinada por las decisiones que se toman durante el consumo. Mantener un ritmo moderado, alternar con bebidas sin alcohol y acompañar con alimentos son prácticas que contribuyen al bienestar físico y a una experiencia más equilibrada.
“Pequeñas acciones, como espaciar el consumo o mantenerse hidratado, hacen una diferencia significativa en cómo se vive la experiencia. No se trata de restringir, sino de disfrutar con mayor conciencia”, puntualizó la Maestra Ronera.
Asimismo, reconocer los propios límites y respetarlos forma parte de una cultura de consumo más informada, donde el control y la intención tienen un papel central.
Planificar también es parte del disfrute
En un contexto de alta movilidad como Semana Santa, la planificación se convierte en un componente clave del consumo responsable. Anticipar el regreso a casa, optar por alternativas de transporte o coordinar con el entorno cercano son decisiones que inciden directamente en la seguridad.
“Planificar también es una forma de cuidado. Decidir con anticipación cómo movilizarse permite que el disfrute no se vea interrumpido por situaciones de riesgo”, enfatizó López de Reyes.
En este contexto, Licores de Guatemala reafirma su compromiso con la promoción de una cultura de consumo consciente, en la que el disfrute esté vinculado a la calidad de la experiencia, la toma de decisiones informadas y el respeto por el bienestar individual y colectivo.





