Hay experiencias profesionales que te obligan a detenerte y observar con más profundidad. Para mí, formar parte del Consejo Editorial de Forbes Centroamérica en la selección de las 50 Mujeres Poderosas de Centroamérica 2026 fue una de ellas.
No solo por el nivel de las mujeres evaluadas, ni por la responsabilidad que implica participar en un proceso de este tipo, sino porque inevitablemente te lleva a replantearte cómo entendemos el liderazgo, la influencia y el poder en nuestra región. Y creo que eso es algo que vale la pena conversar.
Cuando pensamos en personas poderosas, muchas veces seguimos asociando el concepto a visibilidad, posición o reconocimiento público. Pero después de revisar decenas de perfiles de mujeres que hoy están transformando industrias, empresas y entornos completos en Centroamérica, confirmé algo que llevo años observando: el liderazgo más sólido rara vez es el más estridente.
Las mujeres que verdaderamente están generando impacto no solo dirigen organizaciones. Construyen cultura, toman decisiones difíciles, generan oportunidades para otros y sostienen procesos complejos incluso en contextos adversos. Hay una combinación muy particular entre visión, resiliencia y responsabilidad que se repite constantemente entre quienes logran trascender.
Liderazgos de impacto
El proceso impulsado por Forbes Centroamérica no se limitó a revisar cargos o trayectorias. La conversación iba mucho más allá. Se analizaba la posición de liderazgo, sí, pero también la influencia ejercida, la dimensión de las organizaciones involucradas y, sobre todo, las acciones concretas que cada una ha impulsado en favor de la equidad de género y del entorno donde se desempeñan.
Ahí es donde el concepto de poder adquiere otro significado. Porque el verdadero liderazgo no se mide únicamente por crecimiento o resultados financieros. También se mide por la capacidad de transformar espacios, abrir conversaciones y generar impacto más allá de los indicadores tradicionales.
Y quizás eso es lo que más me dejó esta experiencia: entender que estamos viendo una evolución importante en la forma en que se construye influencia en Centroamérica.
Hoy, el liderazgo femenino ya no puede verse como una conversación aislada o aspiracional. Está ocurriendo. Está moviendo industrias completas. Está ocupando espacios que antes parecían inaccesibles y, al mismo tiempo, está redefiniendo la manera en que entendemos el éxito empresarial y ejecutivo.
Eso no significa que el camino esté resuelto. Todavía existen brechas, resistencias y desafíos importantes. Pero también existe algo que hace algunos años era mucho menos visible: referentes reales.
Mujeres que lideran desde distintos sectores, con estilos completamente diferentes, pero con una característica en común: entienden el impacto de sus decisiones más allá de sus propias organizaciones. Y personalmente, eso tuvo un significado especial para mí.
Hace más de 20 años llegué a Guatemala desde Argentina sin imaginar todo lo que este país y esta industria me permitirían construir. Mucho menos imaginé que algún día tendría la oportunidad de participar en una conversación regional sobre liderazgo femenino desde un espacio como Forbes Centroamérica.
Liderando la región
Por eso creo que este tipo de iniciativas son importantes. Porque no solo reconocen trayectorias; también ayudan a visibilizar referentes, abrir espacios y elevar el nivel de la conversación sobre lo que significa liderar hoy en nuestra región.
Después de esta experiencia, me queda una reflexión muy clara: el poder más relevante no siempre es el más visible.
Muchas veces está en la capacidad de influir positivamente, de sostener decisiones difíciles con convicción y de construir entornos mejores para quienes vienen después. Y probablemente ahí es donde comienza el liderazgo que realmente trasciende.






